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¿Cómo prevenir la influenza?: 10 medidas efectivas

Escrito por Enmanuel Da SilvaRevisado porDr. Walter Ciarrocchi

La llegada de las vacunas a la medicina moderna, representó una bendición y avance significativo para proteger a la población de un manojo de enfermedades que, hasta ese entonces, eran consideradas mortales.

Esto incluye a la gripe o influenza, la tuberculosis y muchas más. No obstante, eso no significa que aún hayan sido erradicadas. La influenza aún mata a centenares de personas anualmente.

Por ende, es importante protegernos y a las personas alrededor de nosotros. A continuación, te detallaremos todo lo que necesitas saber sobre esta enfermedad y cómo podemos combatirla.

¿Qué es la influenza?

El virus de la influenza, también conocido como el “virus de la gripe”, es un virus altamente transmisible y capaz de modificar sus características moleculares constantemente (es decir, es mutagénico).

Es esta última característica lo que aún hace de la influenza un enemigo biológico que necesita ser monitoreado constantemente.

Importante: A nivel mundial, hasta 650.000 muertes anualmente son atribuidas a enfermedades respiratorias causadas por la influenza. (1)

Por ende, organismos tales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), junto a otras más, se encargan de mantener vigilada la evolución y tendencias que demuestra este virus.

Nota: La influenza ha sido responsable de un gran número de epidemias y pandemias en todo el globo terráqueo. La pandemia más reciente, que estalló durante el 2009, fue causada por una cepa del virus de la gripe tipo A, denominada H1N1.

Causas de la influenza

El virus es altamente contagioso. Fue gracias a la vacunación y la aplicación de reglas básicas de higiene, la que permitieron reducir significativamente el número de infectados y mortalidades por parte de la influenza.

Pero, ¿por qué es tan contagioso? A continuación, explicaremos algunos factores que determinan su transmisibilidad.

Edad

Aunque la influenza puede resultar mortal para la mayoría de la población, indiferentemente de la edad, es indudable que el riesgo de mortalidad por complicaciones respiratorias es desproporcionadamente mayor en adultos mayores de 65 años.

En los últimos años, se ha estimado que entre el 70% al 85% de las muertes durante las temporadas de influenza son en adultos mayores. (2). Esto se debe a los cambios metabólicos y fisiológicos que ocurren con la edad.

Nota: Las defensas disminuyen y el metabolismo se ralentiza, lo que convierten a estos grupos etarios en el principal grupo de riesgo para muchas enfermedades: metabólicas, cardiovasculares, respiratorias, etcétera.

Sistema inmune debilitado

Aunque el envejecimiento es un factor fisiológico y normal, donde nuestras células inmunitarias se vuelven más y más escasas, existen fenómenos patológicos, asociados a enfermedades, que atacan el sistema inmunitario.

El ejemplo más notorio es el VIH/SIDA. El virus tiene una afinidad única hacia los linfocitos T CD4 y macrófagos, capaz de mantenerse inerte dentro de estas células durante largos años.

Si la enfermedad no es tratada con antirretrovirales (los medicamentos de elección para el tratamiento contra el VIH), el conteo de los linfocitos CD4 disminuye, lo que se traduce directamente en una pérdida del sistema inmune.

Nota: Otras causas que disminuyen las defensas son: quimioterapias, radioterapias, consumo de corticosteroides, neutropenia e inmunosupresores (como ocurre tras una cirugía de trasplante de órgano o injerto).

Trastornos de salud crónicos

Ciertas enfermedades respiratorias o sistémicas, que se perpetúan a lo largo de los años, predispone a que los virus y bacterias que inhalemos en el ambiente, puedan entrar a nuestras vías aéreas y hacer de las suyas.

Tomemos, por ejemplo, la bronquitis crónica. Es una enfermedad donde se produce una inflamación de las paredes de los broncos, acompañada de tapones de moco, que obstruyen las vías aéreas.

Entonces, el aire (con sus microorganismos en ella) entra, pero los microorganismos no pueden ser expulsados porque estas obstrucciones no lo permiten. Estos seres microscópicos, como el Haemophilus Influenzae o la influenza, se alojan y causan estragos.

Nota: Otras enfermedades son la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), bronquiectasia y la fibrosis quística.

Contacto con objetos y personas infectadas

Es la principal causa de contagio. Una persona asintomática o presintomática que establezca contacto con una persona que no se ha vacunado, o cuyo sistema inmune se encuentre débil, corre un alto riesgo de ser infectado.

Tip: Se recomienda mantener la distancia con personas que sepas que se encuentren infectadas y aplicarse anualmente la vacuna contra la influenza.

Síntomas de la influenza

La influenza produce signos y síntomas, que no son exclusivos de este y que pueden confundirse con otras enfermedades respiratorias (como el COVID 19). A continuación, mencionaremos algunos de los síntomas más comunes.

Fiebre y escalofríos

La fiebre es un mecanismo común, que nuestro cuerpo produce frente a agentes foráneos a nuestro cuerpo, conocidos como antígenos. Al ingresar al cuerpo, los antígenos activan señales moleculares que alertan a nuestro hipotálamo.

El hipotálamo actúa al liberar sustancias pirogénicas, como las prostaglandinas, capaces de elevar la temperatura corporal y las demás respuestas biológicas asociadas a ella.

Importante: Durante la gripe, la fiebre inicia súbitamente. Esto produce también una sudoración excesiva y escalofríos, que son maneras empleadas por el cuerpo para liberar el calor corporal excesivo.

Tos y congestión nasal

La tos es producida por la contracción sostenida de los broncos respiratorios, ocasionado por un estímulo irritante. En este caso, el moco excesivo y la inflamación de las paredes los broncos provocan la tos.

La rinorrea (término médico para la secreción nasal abundante), se debe porque, en nuestra cavidad nasal, existen células productoras de moco, llamadas células caliciformes.

Dato curioso: Cuando se ven estimuladas por un antígeno, que entra en contacto con la superficie de la mucosa nasal, se produce una gran cantidad de moco. Esta es la causante de la pérdida temporal del sentido del olfato y el gusto en la persona enferma.

Dolor de cabeza, garganta y muscular

La cefalea (dolor de cabeza), es una consecuencia directa del estrés bajo el cual el cuerpo se encuentra sometido. También se ve empeorado por la deshidratación que ocurre durante la fiebre y la sudoración.

Las vías aéreas inferiores no son las únicas que se ven inflamadas. La garganta también puede verse afectada, lo que genera incomodidad y dolor a la persona al tragar saliva o alimentos.

El dolor muscular, la mialgia, es un síntoma frecuentemente experimentado. Es una sensación de dolor sordo y continuo de manera generalizada, que desvanece una vez que la enfermedad se ve controlada por el cuerpo.

Cansancio

El malestar general es inevitable, especialmente tras la deshidratación, producto de la fiebre, el dolor muscular, el dolor de cabeza y demás síntomas.

Nota: La persona experimenta un cansancio continuo y debilitante, por lo que amerita reposo y descanso continuo también, hasta alcanzar su recuperación total.

¿Cómo prevenir la influenza?

Evitar la exposición innecesaria a fuentes de contagio, particularmente durante las temporadas de gripe, es primordial para evitar la influenza. A continuación, mencionaremos algunas de las principales recomendaciones contra ésta.

1. Vacunarse anualmente

Tras cada cierto tiempo, se acumulan las mutaciones de una cepa de la influenza, provocando modificaciones en el virus que burla las defensas de nuestro cuerpo, un fenómeno conocido como deriva antigénica.

Por ende, existe la necesidad de una vacuna anual. Cada año, los organismos de salud mundial se mantienen alerta sobre estas modificaciones genéticas del virus. De esta manera, cada año se producen vacunas derivadas de la capa más común.

Importante: Existen diversas clases de vacunas. Aquellas creadas a partir de virus vivos, pero inactivos (cepas atenuadas) y aquellas creadas a partir de virus muertos. La primera es administrada en forma de aerosol nasal, la segunda es administrada mediante una inyección. (3)

Es necesario que consultes con tu médico de preferencia, sobre qué tipo de vacunas es recomendable para cada persona (un niño, un adulto joven o un adulto mayor, si presenta o no alergias a ciertos componentes de la vacuna, etcétera).

2. Lavarse regularmente las manos

El lavado de manos es una acción tan inconsecuente para muchos, pero su incorporación a la práctica médica y a la cultura general, resultó ser excesivamente beneficiosa.

Nota: El lavado de manos, con jabón desinfectante, elimina un porcentaje significativo de microorganismos que se adhieren a nuestra piel, especialmente tras haber estado en contacto con superficies potencialmente contaminadas.

3. Evitar compartir artículos con personas enfermas

Esto incluye cepillos de dientes, toallas, jabón corporal y/o facial, almohadas, platos y utensilios de cocina y mucho más. En general, si un miembro del hogar se encuentra enfermo, lo más recomendable es que posean su propio set de objetos.

Así, se minimiza el contacto con superficies contaminadas y se corta la cadena de transmisión (el paso del virus a una persona a otra).

4. Evitar el contacto con personas enfermas

Es otro método primordial. Si sabemos que una persona demuestra síntomas de una infección (sudoración excesiva, tos constante, secreciones nasales, malestar general), lo mejor es cuidarnos a nosotros mismos y, por extensión, a nuestras familias.

Tip: En el caso de un familiar, un amigo o conocido, se recomienda mantener normas de higiene y protección básicas al tratar con ellas, y ayudarles a buscar ayuda médica de ser necesario.

5. Mantenerse abrigado en climas fríos

Ciertos microorganismos prefieren un clima con temperaturas bajas que altas. Esto se debe a que las propiedades moleculares de su membrana y de sus proteínas, pueden verse alteradas en climas calientes.

Este fenómeno es particularmente cierto en países del hemisferio norte, como los EEUU o Canadá, donde las tasas de hospitalizaciones y muertes por la influenza aumentan significativamente.

Tip: Se recomienda a la población evitar exponerse a la intemperie, utilizar ropa adecuada a la temporada y mantener en todo momento una temperatura corporal idónea.

6. Toser cubriéndose la boca y nariz con la parte interna del brazo

Al toser o estornudar, expulsamos súbitamente miles de partículas en el aire ambiental, capaces de estar suspendidas en el aire momentáneamente, pero lo suficiente para ser inhaladas por otra persona.

Importante: La mejor estrategia para evitar contagiar a otros o exponerlos a un riesgo innecesario, es cubrir nuestra boca y nariz con la parte interna del brazo. Si no deseas hacerlo, también puedes cubrir tu nariz y boca con un pañuelo único para este propósito.

Para aliviar la congestión, el escurrimiento nasal funciona muy bien. Disminuye la obstrucción por el moco produciendo, permitiendo a la persona respirar mejor.

7. Evitar tocarse ojos, nariz y boca

Desafortunadamente, tocar nuestro rostro es una acción totalmente inconsciente en la mayoría de los casos. Puede lucir totalmente inocua e inconsecuente, pero el llevar nuestra mano al rostro puede tener consecuencias graves.

De esa manera, las cientas de partículas microscópicas en nuestra mano pueden entrar a la mucosa de nuestros ojos, nariz y boca. A partir de allí, pueden migrar hacia nuestras vías aéreas.

Tip: El lavado de manos constante y evitar tocar superficies y/o objetos innecesariamente disminuyen el riesgo. Pero, es importante volvernos conscientes que no podemos tocar nuestro rostro frecuentemente, especialmente en sitios públicos.

8. Mantener desinfectadas superficies y objetos

Se puede lograr aplicando desinfectante o alcohol mezclado con agua. Se puede utilizar un pañuelo para mantener higiénica el área. Es recomendable hacer esto con objetos que utilicemos frecuentemente.

Por ejemplo, en el área de trabajo, si utilizamos un ratón y teclado constantemente, es idóneo mantenerlos limpios e higiénicos, para tu salud y la de los demás.

9. Evitar el cigarrillo

Los peligros del cigarrillo son extensos. Por sí solo, el cigarrillo es un extenso tema aparte. Pero, lo más destacable bajo este contexto, es que los cientos de componentes de los cuales está compuesto el cigarrillo, tienen propiedades antiinflamatorias e inmunosupresores. (4)

Es decir, los niveles de inflamación en nuestro cuerpo aumentan. Esto repercute directamente sobre el sistema inmunitario, quien se ve diezmado, sino también porque induce la liberación de hormonas del estrés, quienes afectan a nuestro sistema incluso más.

Nota: Si las defensas se encuentran mermadas, el fumador crónico es susceptible a numerosas infecciones.

10. Dormir y alimentarse adecuadamente

Una dieta idónea, basada en tus características físicas y metabólicas, es la piedra angular de una vida sana. Sin una dieta adecuada, no hay una vida sana.

Tip: Se recomienda disminuir el consumo de azúcar procesada, bebidas energéticas industriales, evitar ingerir comidas cargadas de grasas trans y ejercitarse con más frecuencia.

Por otro lado, recomendamos introducir más carbohidratos complejos, grasas saludables y proteínas a la dieta. Esto se puede lograr consumiendo una mayor cantidad vegetales, frutas, legumbres, fibra, omega-3 y 6 y carnes como el pollo o pescado.

El número exacto de horas que cada individuo necesita para dormir cada noche es algo muy individual. Pero, el consenso aún mantiene que el número óptimo de horas todavía sigue siendo ocho horas.

Conclusiones Claves

  • La influenza es una enfermedad altamente contagiosa y que puede llegar a ser mortal para ciertas personas.
  • Se transmite mediante partículas suspendidas en el aire, contacto con superficies o personas contaminadas o problemas crónicos de salud.
  • La vacunación y normas de higiene, como el lavado de mano, son las principales herramientas para disminuir el riesgo de transmisión.
  • Es importante descansar y alimentarse adecuadamente, para mantener el sistema inmune fortalecido y evitar el contagio.