Psicología y Salud emocional

¿Cómo dejar ir lo negativo de tu vida y lograr el bienestar?

Escrito por Mercedes Mansilla

Para dejar ir lo negativo en nuestras vidas primero hay que saber identificarlo, lo que parece ser un simple paso puede convertirse en una difícil tarea cuando nos damos cuenta que lo que queremos soltar también forma parte de uno mismo.

¿Qué es lo negativo? Es todo aquello que nos condiciona, que no nos permite alcanzar nuestro máximo potencial, que nos hace sentir imposibilitados de llevar a cabo nuestros deseos más profundos. Son todas esas creencias, miedos injustificados y discursos que no nos pertenecen.

¿Cómo dejarlo ir? Dejar ir los miedos es el primer paso, según Osho, la vida comienza donde termina el miedo. Una vez que soltamos, hay que aprender a cuestionar el discurso propio. ¿Qué tanto de lo que decimos lo creemos realmente?.

Cuando uno aprende a cuestionarse, no sólo comienza a hacer uso del discernimiento, sino que empieza a formar un discurso propio que no puede ser proclamado ni repetido por otro en su totalidad, dado que los seres humanos existimos como individuos y cada uno es único.

A continuación, en el siguiente artículo te vamos a compartir algunas estrategias efectivas que te permitirán aprender a dejar ir aquello que te altera negativamente, para que de esa manera puedas lograr un mayor bienestar y tranquilidad en tu vida.

¿Qué significa dejar ir?

El Dr, doctor Hawkins en su libro “Dejar Ir, menciona que dejar ir es como el cese repentino de una presión interna o la caída de un peso. Y que esto se acompaña de una repentina sensación de alivio y ligereza, así como el incremento de la felicidad y la libertad.

Dejar ir es soltar, desapegarse, aprender que somos dueños de nuestro tiempo y energía y que podemos decidir a qué prestarle atención. Básicamente significa desprendernos, entender que si bien hay situaciones en donde no podemos evitar sentir dolor, tenemos el poder de enfocarnos en lo positivo.

Claves para a dejar ir y vivir en bienestar

Para dejar ir se requiere la intención e identificar qué es lo que queremos soltar y por qué, qué es lo que lograríamos al desapegarnos de ello.

La pregunta clave es qué es lo que quieres lograr una vez que sueltes lo viejo. Una vez que reconocemos qué es lo que estamos buscando luego de haber establecido acciones concretas, debemos seguir los siguientes pasos:

Aceptar y entender lo sucedido

Hayes, padre de la terapia de aceptación, la define como la adopción voluntaria de una postura intencionadamente abierta, receptiva, flexible y exenta de juicios en relación al momento presente.

Primero, debemos aceptar aquello que nos lastima y tratar de comprenderlo desde el aspecto más simple. Enfocarnos en por qué lo elegimos y por qué en el presente queremos soltarlo.

Un breve ejercicio para comenzar a trabajar este aspecto es la técnica de meditación Vipassana, que es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India y se basa en concentrarse en la respiración, el momento presente y por sobre todas las cosas, no juzgarse.

Desahogar las emociones y sentimientos

Reprimir las emociones o sentimientos puede traernos grandes consecuencias a la salud, sin ir más lejos, enfermedades como el síndrome de Takotstubo, el llamado síndrome del corazón roto, se pueden desencadenar ante una experiencia dolorosa que nos hayan llevado a guardar emociones.

Debemos entender que expresarnos es algo necesario y de suma importancia para nuestra salud, no debemos anticiparnos a lo que puede o no llegar a pensar un otro. Dado que, nuestras emociones y sentimientos nos pertenecen y debemos asumirlos, hacernos cargos y mostrarlos al mundo.

Expresar nuestras emociones y sentimientos es positivo, siempre y cuando lo hagamos con inteligencia, usando los modos y las formas correctas y teniendo en cuenta el contexto. De nada sirve exteriorizar si en nuestro interior sólo hay caos. Es por eso que antes de saber expresarnos, primero hay que aceptarnos.

Darse un tiempo de duelo

Como todo proceso, se requiere hacer un duelo. Dejar ir, implica soltar algo que no volverá jamás o que, si lo hace, no regresará de la misma manera. Citando a Heráclito, “lo único constante es el cambio y hay que asumirlo y responsabilizarnos”.

Los duelos constan de 5 etapas según Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra y pionera en estudios sobre la muerte. Estas etapas son: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.

Es necesario atravesar cada una de ellas. Comprender que así como hoy nos encontramos en un estado de negociación, ayer tuvimos ira y mañana probablemente tendremos depresión. Pero cada uno de estos pasos es natural y necesario para poder llegar a la aceptación.

Mantener la distancia con la fuente del sufrimiento

Uno de los dichos más populares de Buda sostiene que el dolor es inevitable, sin embargo el sufrimiento es opcional. Esto quiere decir que no podemos evitar el dolor, ni sentirnos heridos, pero que tenemos el poder de transformar ese dolor en algo más sabio.

El hecho no va a cambiar ya sea que decidamos salir adelante o simplemente quedarnos de brazos cruzados y llorando. Sin embargo, lo que sí va a cambiar a partir de la decisión que tomemos es cómo nos vamos a sentir con nosotros mismos.

De esta manera, asumiendo nuestro poder personal y responsabilidad debemos establecer límites sanos con todo aquello que nos daña y hace mal, estableciendo espacios y construyendo desde lo que nos hace sentir bien y positivos.

Evitar victimizarse y juzgarse

Contrario a lo que hemos aprendido y repetido la mayor parte de nuestras vidas, haber sufrido situaciones no gratas, haber sido heridos o sufrir consecuencias de algún suceso traumático no nos convierte en víctimas ni en personas débiles o dañadas.

Utilizar esas emociones negativas que sentimos, ante un suceso que consideramos injusto como fuerza propulsora para progresar y levantar nuestro ánimo, es donde debemos poner el foco.

Melchenson, uno de los padres del estudio de la Victimología en el Derecho Penal, establece que la víctima es un carácter, parte de la personalidad del individuo o colectividad afectada por las consecuencias sociales de su sufrimiento, determinado por factores de origen físico, psíquico, económico, político o social.

Según lo afirmado por el autor, podemos llegar a la conclusión de que solo dejando de lado el juicio y la crítica a nosotros mismos, vamos a poder salir de ese lugar de víctima para transformarlo en una herramienta tan trágica como necesaria, ya que, metafóricamente hablando, lo que no nos mata, nos transforma.

Agradecer y valorar lo positivo

El foco va a estar puesto en lo que decidamos mirar, la vida está llena de emociones y matices. Lo único que podemos afirmar es que todo está en constante cambio y que nuestro tiempo en esta vida es limitado. Somos dueños de lo que hacemos con nuestro tiempo y de cómo queremos sentirnos.

Ser agradecidos nos convierte en personas capaces de valorar cada logro y encontrar lo bello en los momentos más oscuros. Un breve ejercicio para poner en práctica el agradecimiento y poder valorar lo positivo es celebrar cada logro, felicitarnos por cumplir nuestras pequeñas metas y cada paso que damos por más pequeño que sea en pro de ellas.

Apoyarse con familiares y amigos

Los seres humanos somos sociales por naturaleza, ya que necesitamos de otros en nuestra vida.

Si no nos comunicamos con otros, no podremos hacer uso realmente del lenguaje que, citando al filósofo hermenéutico Gadamer, “tiene su verdadero ser en la conversación que es el ejercicio mutuo del entendimiento”.

Luego de asumir que no podríamos ser nosotros sin otros, debemos aceptar nuestra propia vulnerabilidad. Podemos estar solos, pero eso no es grato ni nos ayudaría a progresar.

Es importante entender que no importa que tan solo nos sintamos siempre hay alguien dispuesto a escuchar, ya sea una pareja, un familiar o un amigo dispuesto a escucharnos.

Adquirir el hábito de pensar en positivo

Según un estudio de American College of Cardiology, una actitud positiva reduce el riesgo de desarrollar una cardiopatía, ya que gran parte de la salud humana requiere del estado de ánimo y el poder mental del paciente, debido a que es una de las causas determinantes para que funcione el efecto placebo.

Para adquirir el hábito de pensar en positivo, no se requiere de mucho más que preguntarse a uno mismo qué hemos logrado. Al enfocarnos en pequeñas metas podremos establecer y lograr lo que nos propongamos.

Realizar actividades recreativas

Las actividades recreativas nos ayudan a calmar la mente, relajar el cuerpo y darnos mayor claridad. Es de vital importancia tener un cuerpo sano para lograr una mente sana ya que dependen mutuamente uno del otro.

La falta de tiempo no es una excusa, mínimamente deberíamos acostumbrarnos a dar un paseo todos los días para hacer ejercicio y despejarnos. Para adquirir un hábito se requiere llevarlo a cabo durante 21 días. ¿Qué estás esperando?

Plantearse nuevas metas y objetivos

Al desprendernos de viejas creencias, patrones o comportamientos asumimos un nuevo yo. Este nuevo yo, no es más que el mismo viejo yo, con la diferencia que hemos aprendido a soltar todo aquello que no nos sumaba o nos hacía mal.

Asumir nuestras nuevas raíces, sin desprestigiar las viejas, y ponernos en un lugar de responsabilidad y autoafirmación, va a ineludiblemente hacer que fijemos nuevas metas.

Dado que las viejas metas deben ser modificadas, ya sea cambiadas porque ya no nos representan o reafirmadas porque las sentimos más propias que nunca, y para lograrlas en ese caso vamos a tener que establecer objetivos más claros y reales.

Mantener el enfoque en el momento presente

Lo único real es el aquí y el ahora, habitar este lugar es asumir el papel más importante de nuestras vidas donde no necesitamos pruebas, sino empoderarnos y darnos cuenta que este instante es único y que debemos aprovecharlo al máximo.

Enfocarnos en el momento presente requiere asumir el peso de nuestras decisiones, salir de un lugar de liviandad y corrernos de ese papel en el que solo tomamos decisiones vagas y nos dejamos llevar por su insoportable levedad.

Disfrutar las pequeñas cosas

¿Qué es lo que te hace feliz? Para disfrutar de las pequeñas cosas debes estar dispuesto a darte el amor que mereces, hacer alguna actividad que te motive y te guste, tener un hobbie. No olvidemos que como es adentro es afuera y para poder relacionarnos mejor con nuestro entorno, debemos aprender a relacionarnos con nosotros mismos.

Un pequeño ejercicio recomendado es hacernos espacio en la agenda, ya sea una hora al día o un espacio día por medio para hacer alguna actividad que nos de satisfacción.

Mantener el optimismo

Es importante entender que todo es pasajero y que después de la tormenta siempre sale el sol. No importa que tan mal te sientas, no debes reprimir tus emociones simplemente aceptarlas y entender que es un día malo pero no una vida mala.

Reconocer que somos merecedores de nuestra felicidad, es un ancla que nos sirve para afirmarnos y no colapsar ante un mundo que te dice que no está bien estar mal. Entenderlo, afrontarlo y dejarlo ir es la única forma de poder lograr llevar una vida más sana y más optimista, y poder alcanzar un mayor nivel de inteligencia emocional.

¿Por qué hay que dejar ir?

Dejar ir no es un mero capricho o una cuestión banal de mostrar una actitud más positiva ante la vida. Soltar todo aquello que nos lastima es una cuestión de salud.

Diversos estudios demuestran que todo aquello que guardamos y no exteriorizamos nos puede traer graves consecuencias a la salud como problemas cardíacos o demencia, entre otros.

Por otro lado, estudios demuestran que las personas que llevan a cabo una vida más saludable y positiva, tienen una mayor calidad y expectativa de vida. Sobre todo en la tercera edad donde es de vital importancia cuidar la mente y el cuerpo.

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