Psicología y Salud emocional

12 claves para lograr la madurez emocional

Escrito por Mercedes Mansilla

La madurez emocional implica un reconocimiento y comprensión de las emociones. Esto nos permite conocernos de una manera sincera y profunda que nos lleva a organizar y cumplir nuestros objetivos y metas.

Si bien este concepto nos ha estado acompañando a través de los años, hoy en día comienza a cobrar mayor importancia.

Ya no sólo como una herramienta de autoconocimiento, sino también como una herramienta para poder llevar a cabo nuestros deseos y obtener mejores resultados.

En el siguiente artículo, ahondaremos en este tema donde podrás adquirir información valiosa para lograr alcanzar este estado emocional de bienestar.

¿Qué es la madurez emocional?

La madurez emocional no está relacionada con la edad biológica de las personas, sino con sus experiencias como individuos y con su capacidad de manifestar e integrar sus emociones.

En este sentido, una persona emocionalmente madura es alguien que muestra compromiso con la vida, que ayuda a los demás y no teme en pedir ayuda, y que toma responsabilidad de sus actos. En simples palabras, se hace cargo de sus acciones.

Gracias a ello puede entender y comprender las emociones de los demás, alejándose de los conflictos y pudiendo trabajar en conjunto con otros.

Características de la madurez emocional

Según diversos estudios, todos contamos con madurez emocional en mayor o menor medida. En este sentido, todos tenemos cierto grado de madurez emocional, ya que esta se basa en la forma en la que reaccionamos ante distintas situaciones y frente a otros.

Por otro lado, a continuación te invitamos a leer las siguientes características para que puedas reconocer en qué medida forman parte de tu vida cotidiana.

Requiere el desarrollo de la inteligencia emocional

La inteligencia emocional, según Trujillo y Rivas, es la “capacidad de identificar y discriminar propias emociones y las de los demás, de manejar y regular esas emociones y de usarlas de forma adaptativa”.

Por lo tanto, para poder desarrollar la inteligencia emocional debemos reconocer los sentimientos propios y ajenos. De esta forma podremos ir desarrollando nuestras máximas competencias y gestionar de una manera madura y saludable nuestras relaciones.

En este sentido, un buen ejercicio para poner en práctica y desarrollar la inteligencia emocional es poder analizar cómo nos sentimos en un momento, o ante una situación determinada, y darle un puntaje según la intensidad que sintamos que corresponda para aquella emoción. Por ejemplo, en una escala del 1 al 10, 10 sería muy enojado y 1 sería casi nada.

Implica reconocer y expresar las emociones

Una vez que somos conscientes de nuestras emociones, hay que aprender a expresarlas en el momento y la forma adecuada.

Para poder manifestarnos de una forma correcta hay que entender también el entorno en el que nos encontramos, siendo sinceros y coherentes con el qué, cómo y dónde nos manifestamos.

Implica el desarrollo pleno de la identidad y autoconocimiento

Desarrollar nuestra identidad y profundizar en el autoconocimiento puede parecer a simple vista complejo, y como a veces tenemos miedo de alcanzar nuestra máxima competencia o “pasar de nivel” nos mantenemos alejados de todo ejercicio para mejorar.

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que haces y por qué lo haces? Bueno, ese es un primer y simple paso para comenzar a reconocer qué es lo que somos, quitando todo sesgo.

Depende de la educación, entorno y genética

Según Matsumoto, la cultura a la que pertenece un individuo determina sus valores y normas.

Esto significa que las normas sociales de cada cultura también determinan el significado de las emociones y qué tipo de emociones se pueden mostrar abiertamente. Como resultado, el comportamiento y la percepción emocional puede variar bastante entre culturas

Se asocia con el autoestima

La autoestima juega un papel clave a la hora de entender nuestras emociones. No nos apegamos a ella, sino que las comprendemos, las aceptamos y las dejamos ir desde el desapego y sin poner ninguna resistencia.

Las personas con un alto grado de inteligencia emocional son positivas. Aceptan que tienen el poder de progresar y desarrollarse y entienden que hay situaciones en la vida que no dependen de uno.

Ante estas situaciones hay dos caminos: aceptarlo y seguir adelante o lamentarse. El lamento tiene cada vez menor lugar cuando aceptamos que somos creadores de nuestra propia realidad.

Implica el desarrollo de la resiliencia

La resiliencia es la capacidad de adelantarse a las dificultades y situaciones traumáticas, es decir, la capacidad de anteponerse ante malas experiencias.

Por lo tanto, trabajar y desarrollar la resiliencia personal nos convierte en personas responsables de nuestras emociones, nos permite desarrollar conductas positivas y no sucumbir ante el estrés y la ansiedad.

De hecho, según un informe de la Universidad de Málaga, una persona resiliente puede beneficiarse del uso de habilidades adaptativas que le permitirán afrontar las dificultades y obstáculos de la vida cotidiana.

Requiere de esfuerzo y voluntad

Como todo camino personal, desarrollar nuestra inteligencia emocional requiere de esfuerzo, pero por sobretodo, voluntad. Debemos tomar conciencia de que nunca se alcanza por completo la inteligencia o madurez emocional.

Por otro lado, es normal poner en duda todo lo que hemos avanzado pero vale la pena todo el camino recorrido y el progreso al que lleguemos.

¿Acaso no queremos vivir y sentirnos mejor? Ahora que tenemos la respuesta, es hora de empezar a poner manos a la obra.

Claves para lograr la madurez emocional

Ahora que ya entiendes de qué se trata, veremos en detalle algunos consejos accionables que puedes implementar de inmediato para alcanzar la madurez emocional.

Para ello, es importante entender que lograr la madurez emocional requiere comprender y llevar a cabo los siguientes pasos.

1. Aceptar y reconocer los errores

En primer lugar, debemos aprender y aceptar nuestros errores ante nosotros mismos y luego ante los demás. Repetir palabras o frases como “lo siento” sin realmente comprender esa emoción, nos convierte en seres con inmadurez emocional.

2. Aceptar y respetar los límites

¿Cuáles son tus límites?, ¿Eres consciente de ellos? A veces este tipo de preguntas pueden ser muy efectivas para trabajar en nuestro desarrollo personal.

Reconocer nuestros propios límites: qué nos hace bien, qué nos hace mal, qué esperamos de nosotros mismos y qué queremos de los demás, es el primer paso para poder saber cuáles son los límites externos y entender que no podemos obrar desde el capricho.

3. Enfocar la atención plenamente

Enfocar la atención en las emociones, enfocarnos en el momento presente y en lo que estamos haciendo nos vuelve capaces de poner foco en lo que sentimos.

Al estar dispersos, no sólo nos cuesta concentrarnos en nuestras actividades, sino que también se nos vuelve dificultoso entendernos.

Si nos sentimos dispersos es necesario tomarnos unos minutos, conectar con la respiración y el momento presente y seguir en lo que estábamos haciendo.

4. Comunicarse de manera asertiva

Ser coherente con nuestras emociones es también saber manifestarlas y comunicarlas de manera precisa.

Dejar de lado la ambigüedad no sólo nos convierte en personas más sinceras, sino que hace que nuestro entorno empiece a adquirir y reconocer una forma de expresarse más real y más sincera, donde el intercambio sea más propicio.

5. Conocerse a sí mismo

Para conocernos a nosotros mismos primero hay que aceptarnos e indagar en nuestros procesos y emociones más profundas. Un buen ejercicio es escribir y hacerse las preguntas necesarias.

¿Qué quiero?, ¿Por qué lo quiero?, ¿Alguien me lo dijo o yo simplemente lo elegí?.

Todas estas preguntas dan lugar a muchas más, ya que el camino del autoconocimiento es un camino que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida.

6. Aprender a escuchar

Aprender a escuchar no sólo implica el entender las palabras y darle lugar al otro, sino comprender qué es lo que nos quiere decir y cómo nos lo dice.

Al escuchar a los demás no sólo aprendemos de los otros, sino que también vamos adquiriendo diferentes puntos de vista e información en la que quizás si dependiera sólo de nosotros nunca hubiésemos puesto el foco.

7. Ser empáticos con los demás

Para poder ser empáticos con los demás debemos identificar y entender nuestras emociones primero.

Ser empático no es justificar a los demás, sino comprender que cada uno tiene su camino y motivaciones personales y que son tan válidas como las nuestras. Aprender a no juzgar y al mismo tiempo, no juzgarnos.

8. Regular las emociones

Las emociones desbordadas nos llevan a actuar de manera arrebatada y desmedida. Antes de actuar debemos poder pensar tanto emocional como racionalmente.

Es importante que cuando sintamos que las emociones nos sobrepasan, nos enfoquemos en calmar el estrés de alguna manera ya sea con algunas respiraciones, haciendo ejercicio o cualquier otro método que nos ayude a apaciguarlas.

9. Entender las necesidades de los demás

Las necesidades de los demás son tan válidas como las propias, incluso cuando no estemos de acuerdo.

Darle lugar a los demás para hablar, mostrarnos atentos y dispuestos al diálogo hará que las personas puedan manifestarse de una forma clara y segura y, de esta manera, podremos evitar conflictos innecesarios o malentendidos.

10. Aprender a desapegarse

La mayoría de nosotros ha adquirido y se ha apropiado de conductas o deseos que no eran propios. Muchas personas desean algo que siempre desearon sus padres y jamás se detuvieron a analizar por qué y para qué lo querían.

El desapegarnos implica aceptar que muchas partes de nuestra conducta y personalidad son actitudes que aprendimos o imitamos de nuestro entorno. Ha llegado el momento de desprendernos de todo lo que no forma parte nuestra para poder alcanzar nuestro verdadero yo.

11. Evitar las quejas

Quejarse implica poner el foco en lo negativo. Cuando algo nos disgusta, en vez de poner el foco en la queja, debemos enfocar nuestra energía en qué es lo que necesitamos para sentirnos mejor.

Esto quiere decir tanto que podemos cambiar nuestra realidad o cómo podríamos hacerla más amena para nosotros.

12. Vivir el presente

Los últimos años, la humanidad ha vivido completamente acelerada. Esto hizo que la mayoría de los adultos no pueda ser capaz de reconocer sus emociones y, ante un leve grado de intensidad, se desborden.

Dicho esto, la única forma de vivir realmente es pensar en el presente, el pasado ya se ha ido y el futuro es inalcanzable. Ser conscientes de que lo único real y verdadero es nuestro presente, es lo que nos permite tomar decisiones más sabias y vivir en una realidad más amena.

Importancia de la madurez emocional

La madurez emocional es la herramienta que nos permite no sólo entender quiénes somos y cuáles son nuestros deseos y capacidades, sino que también logra que nuestra forma de relacionarnos con el mundo sea más real.

Ser maduros emocionalmente, nos da la capacidad de crear y entender que cada uno de nosotros tenemos el potencial para lograr lo que nos propongamos y la única manera de proyectar es ser consciente de nuestras capacidades y dificultades, así también como poder ser realistas y comprender el entorno.

Según Del Barrio, cuando las emociones no se expresan, no se dominan, o no se adecuan a la situación del entorno aparecen las disfunciones. El desajuste emocional que se presenta cuando hay falta de adecuación de las reacciones propias o cuando hay malas interpretaciones de las emociones ajenas.

Las personas con poca madurez emocional suelen llevar una vida cómoda, pero no progresan ya que no son conscientes realmente de su potencial y se desbordan ante las emociones.

Es por ello que debemos apuntar a que la madurez emocional se comience a enseñar en nuestros primeros años de vida, para formar adultos responsables que puedan hacer uso de sus capacidades en su más amplio espectro.

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