¿Por qué me siento triste?: causas y cómo superar la tristeza

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¿Por qué estoy triste? Es una pregunta muy valiente que nos hacemos y que nos ayuda a descubrir de dónde proviene y cómo superarla.

Por lo tanto, primeramente debemos aclarar que la tristeza no es lo mismo que la depresión.

El estado de ánimo disminuye y la tristeza aparece, cuando se atraviesa por un periodo difícil o de confusión, lo cual es totalmente normal, ya que sentirse triste forma parte de los sentimientos naturales del ser humano, como por ejemplo, la alegría o el miedo.

Pero cuando se trata de depresión, es un trastorno del estado de ánimo, donde la tristeza se prolonga de manera crónica y cuyos síntomas deben ser evaluados por un tiempo prolongado y puede llevar a un tratamiento farmacológico.

A continuación, detallaremos a profundidad la tristeza, para aprender a superarla y no dejar que se convierta en depresión.

¿Qué es la tristeza?

La tristeza es subjetiva, propia de cada individuo, y se refleja como un estado de desánimo o decaimiento.

La tristeza forma parte de los sentimientos básicos del ser humano, cuya función es provocar un proceso de adaptación a la nueva realidad o situación a la que se está afrontando. Depende de nosotros el cómo afrontarla.

La tristeza se comporta como defensa natural, activando la parte de nuestro cerebro, que maneja las emociones, específicamente, la amígdala, perteneciente al sistema límbico.

Cuando estamos tristes nuestro cuerpo entra en un estado letárgico (adormecimiento o inactividad). La tristeza nos permite alejarnos de lo que nos rodea, para comenzar el proceso de superación al interiorizar con nuestras emociones.

Por ello cuando estamos tristes queremos estar solos, lo cual está bien, pero no dejemos que nuestros pensamientos al estar tanto tiempo solos, sean contraproducentes.

Así que, sentir tristeza nos ayuda a ser empático cuando alguien más a nuestro alrededor la sufre, al ser seres sociales, podemos ayudar a otros, y a acompañarnos mutuamente en el sentimiento.

Causas de la tristeza

No existe una explicación homogénea para la tristeza. Sino que puede ser desencadenada por una plétora de causas, como veremos a continuación.

Pérdidas valiosas

Una pérdida valiosa abarca una gran cantidad de situaciones, y es subjetiva para cada individuo. Puesto que cada persona le atribuye un valor emocional a las personas y cosas materiales que lo rodean.

El fallecimiento de un ser querido, perder el trabajo, terminar una relación sentimental, perder la oportunidad de realizar una actividad deseada, son algunos de los desencadenantes de la tristeza.

Las distintas etapas por la que una persona atraviesa tras la pérdida se denomina proceso de duelo.

Vivencia de situaciones adversas

Experiencias traumáticas pueden dejar una profunda cicatriz emocional en la persona, especialmente durante su desarrollo en la niñez y adolescencia.

Si la memoria o experiencia no es tratada con terapia adecuada, tendrá un efecto cumulativo a lo largo de los años que pueda culminar en un estado de depresión crónica.

Situaciones traumáticas que llevan a la incapacidad de la persona para llevar a cabo su día a día de manera rutinaria (por ejemplo, tras una parálisis o pérdida de un miembro) puede llevar también a la tristeza y, en el peor de los casos, la depresión.

Dolores físicos

Podemos decir que el dolor físico tiene como función alertar al sistema nervioso de que existe un riesgo potencial que pueda afectar a nuestro organismo.

Existen distintos tipos de dolor, y diferentes formas de calmarlos. El simple hecho de un dolor de vientre causado por la menstruación en las mujeres puede impedir realizar una actividad o asistir a un evento deseado, ocasionando el sentimiento de tristeza.

La tristeza puede también estar asociada al dolor físico cuando se padece de una enfermedad crónica que impide llevar una vida normal, o realizar movimientos que antes eran cotidianos por la causa del dolor.

Los dolores físicos evolucionan a medida que la persona envejece. Por ejemplo, dolores articulares o musculares, que llevan a una sensación de tristeza e impotencia.

Influencia de la época del año

El invierno suele asociarse a la época más triste del año. Una de las principales razones es la disminución de horas de luz natural, que causa cambios de ánimos especialmente en niños y ancianos.

La melatonina es la hormona encargada de inducir el sueño. Sus concentraciones aumentan cuando disminuye la exposición a la luz, lo que puede causar que nos somnoliencia y cierta melancolía, asociándolo a tristeza.

Sin embargo, debemos recordar que depende de cada persona. Por ejemplo, cuando se acerca una época en la que se solía compartir con un ser amado que ya no está, puede aparecer la tristeza.

Sentimiento de soledad

La tristeza puede venir acompañada del sentimiento de soledad tras experimentar una decepción o una pérdida valiosa. Puesto que al sentir tristeza, una de las primeras reacciones del individuo es alejarse, separarse de las personas que lo rodean.

Este sentimiento de soledad es subjetivo, no es simplemente estar solo, sino el hecho de sentirse solo, incluso cuando se está rodeado de personas. Lo que puede llevar a sentir también frustración e incluso la depresión puede hacerse presente.

Sentimiento de culpa

Las emociones humanas son complejas, y pueden mezclarse unas con las otras. En este caso, nuestra capacidad de raciocinio ante un suceso generalmente negativo.

El sentimiento de culpa puede estar influenciado por factores, tales como religión, sociedad o crianza.

Al romper algunos de esos ideales impuestos se experimenta la culpa, o por equivocarnos al tomar una decisión, resultando en una decepción que pasa a ser tristeza.

Situaciones que escapan de nuestras manos también pueden generar culpa. Por ejemplo, un padre que no logró atender al evento escolar de su hijo debido a una limitación física (como encontrarse enfermo).

Estrés laboral o personal

El estrés laboral podemos definirlo como la agrupación emociones y respuestas fisiológicas que se originan por un proceso de adaptación dado por las condiciones o exigencias de trabajo ante las cuales las personas creen que es imposible elaborar.

Así mismo podemos aplicar este concepto al estrés personal, por ejemplo, en metas de vida que se plantean y por situaciones externas o internas no se pueden realizar, lo que conlleva al sentimiento de tristeza, que podría desencadenar en síntomas físicos.

Consecuencias de sentirse tristeza

La tristeza puede causar estragos en nuestro cuerpo. Ya que puede generar un ciclo donde la tristeza deriva provoca consecuencias físicas y emocionales que, a su vez, generan aún más tristeza.

A continuación, te dejamos algunos ejemplos.

Dolor de cabeza

Los dolores de cabeza son recurrentes en personas que tienden a sentirse tristes con frecuencia o sufren de depresión. Además del dolor de cabeza, puede venir acompañado de un dolor crónico generalizado.

El estrés o angustia causante de la tristeza genera una tensión muscular sostenida que genera la sensación vaga, pero presente, de dolor.

Cuando los músculos localizados en la región temporal (o cien) se contraen prolongadamente, se genera el dolor. También puede deberse a la acumulación de moléculas generadoras de dolor por elevación del cortisol en sangre.

Fatiga crónica

La mente tiene poder sobre el cuerpo. La tristeza nos arrebata de la energía o entusiasmo que usualmente tenemos para cualquier actividad.

La persona se siente exhausta, a pesar de no haber realizado esfuerzo alguno. Siente deseos de mantenerse en cama todo el día.

Ese cansancio extremo puede estar presente en determinados momentos o a lo largo del día. La fatiga que se extiende por días y semanas es una señal de la depresión que se está desarrollando.

Palpitaciones

La tristeza puede ir acompañada de otros síntomas, tales como la ansiedad.

Puede ser generada por pensamientos (recuerdos dolorosos) o acciones (verbales o físicas, dirigidas a nosotros o a otros).

Estos factores estresantes generan una respuesta autonómica por parte del sistema nervioso simpático. Es decir, son respuestas fisiológicas que no podemos controlar.

El simpático envía fibras nerviosas a casi todas las vísceras, entre ellas el corazón. Cuando algo desencadena una reacción de angustia o ansiedad, se envían descargas eléctricas que elevan el ritmo cardíaco, generando taquicardia.

Estreñimiento

El simpático actúa sobre el aparato gastrointestinal también y es el responsable de la motilidad.

La motilidad es la contracción de los músculos en la pared intestinal que mueven el bolo alimenticio. Las descargas nerviosas del simpático reducen estos movimientos.

Lo que disminuye el número de evacuaciones. Este estreñimiento, a su vez, genera aún más ansiedad, originando un ciclo vicioso.

Falta de apetito

La tristeza y la depresión afectan el sistema endocrino e inmune de nuestro cuerpo, al igual que el metabolismo.

Los cuadros emocionales negativos generan desbalances fisiopatológicos, que se acentúan a medida que la tristeza se arraiga en nuestra mente.

La tristeza o depresión puede que eleven los niveles de cortisol y leptina (la hormona que señaliza a nuestro cuerpo cuando estamos satisfechos) y disminuye la secreción de la grelina (la hormona del hambre).

También se ven alterados los niveles de insulina y la resistencia a ella, alterando aún más el metabolismo.

Depresión

La depresión, a diferencia de la tristeza, no es un estado emocional. Es un trastorno crónico que afecta el comportamiento social, motor, y cognitivo de la persona.

Es normal sentir tristeza y los síntomas acompañantes, pero estos tienden a ser pasajeros.

La falta de energía, motivación, entusiasmo, autoestima, problemas para mantener relaciones interpersonales y cambios de horarios de sueño o hambre que perduran semanas o meses son fuertes indicadores de depresión.

La depresión puede manifestarse físicamente, como dolores crónicos y debilitantes sin razón alguna, adjuntos a los síntomas psicológicos, recomendamos buscar ayuda profesional.

La depresión puede resultar de la inhabilidad para manejar experiencias o recuerdos traumáticos. También puede surgir como efecto secundario tras la administración de ciertos medicamentos.

¿Cómo superar la tristeza?

La tristeza es de aquellas emociones profundas e intensas que reverberan en cada uno de nuestros pensamientos. Por ende, superarlo no es un camino fácil. Requiere de paciencia, autocontrol y disciplina.

A continuación, te enseñamos algunas de las estrategias utilizadas para superar la tristeza.

Aceptar el sentimiento de tristeza

La tristeza es parte natural de nuestras vidas. Los seres humanos somos seres emocionalmente fluctuantes.

¿Qué significa? No podemos estar felices, maravillados, enojados o tristes todo el tiempo. Por el contrario, se convertiría en una situación patológica (por ejemplo, la depresión).

Sentirnos tristes o desanimados es perfectamente normal y razonable, especialmente si las circunstancias o situación actual no es la más favorable para nosotros o nuestros planes.

También, atribuir un nombre o denominación concreta a lo que sentimos facilita comprender nuestro estado actual y el porqué ha ocurrido.

Cuando la tristeza se vuelve una constante (acompañada de otros síntomas también), es algo mucho más preocupante.

Drenar llorando o escribiendo en un diario

El llanto es una reacción psicomotora compleja que involucra una conexión entre las regiones cerebrales reguladoras de las emociones y la secreción lacrimal.

El ser humano no es el único animal capaz de llorar, pero, al parecer, somos los únicos mamíferos lo suficientemente desarrollados para el llanto.

Un estudio publicado en la revista New Ideas in Psychology por el neonatólogo Carlo Bellieni teoriza, sustentandose con otros estudios, que el roce de las lágrimas que recorren las mejillas induce la liberación de endorfinas, opioides endógenos con efecto analgésico (calmantes de dolor).

Más allá de estas teorías, sabemos que romper en lágrimas o llanto tiene un efecto catártico. Cuando la efervescencia de la tristeza alcanza cierto umbral, se ve reflejado externamente en lágrimas.

Al llorar, el cuerpo reconoce y encara la tristeza. Esto facilita la superación de estos sentimientos y, a su vez, lograr purgarlos de nuestro sistema.

Escribir tus pensamientos te ayuda a pensar sobre tus emociones. Darles un nombre y forma concreta, ayudándote a reconocer exactamente el cómo y el porqué te sientes así.

Trabajar el autoconocimiento

Conocerte a ti y a tus emociones es indispensable si deseas superar la tristeza.

¿Por qué? Ayuda a identificar todo aquello en la vida que te entristece o empeore tu humor, lo que te desagrada y lo que no.

Identifica también comportamientos contraproducentes o no saludables que solo fomentan tu tristeza. Esto te ayudará a reconocer el porqué ciertos eventos generan tristeza en ti y otros no.

Compartir con seres queridos

Los humanos somos seres sociales. Nuestra sociedad se fundamenta en las relaciones interpersonales, a pequeña o gran escala, que la fundamentan.

Las interacciones positivas estimulan en nuestro cuerpo la liberación de opioides endógenos, oxitocina y activación de sistemas neuroendocrinos (endocannabinoides) que nos hacen sentir bien.

El hablar profundamente con alguien, que nos escucha y comprende, eleva nuestro estado de ánimo. Nos hace sentir más confiados y dispuestos a abrirnos al otro.

La confianza, respeto y comunicación son los pilares que hacen las relaciones interpersonales conceptos tan valiosos para nosotros que ayudan a combatir la tristeza.

Perseguir metas y objetivo

La planificación es clave. ¿Por qué?

Cuando cumplimos una meta autoimpuesta, se activa el sistema de recompensa en el cerebro. Nos hace sentir bien y confiados, capaces de cualquier cosa.

Establece metas a corto, mediano y largo plazo. Adquirir un hobby, salir más, leer más libros, interactuar más con otras personas, dedicar más tiempo a nuestros seres queridos o pasar menos tiempo en el trabajo son algunas metas que puedes adoptar.

Crea metas realistas y diarias. Es bueno tener metas a largo plazo, pero éstas tienden a ser muy inespecíficas y requerirían de cambios radicales para lograrlas en corto tiempo.

En cambio, establecer hábitos saludables en la vida y aplicarlos constantemente, mejorará tu estado de ánimo poco a poco. Pero esto es cumulativo.

El cumplir una tarea nos motiva a cumplir la siguiente. Esta motivación es el combustible para crear hábitos positivos en la vida.

En el plazo de pocos días, el resultado de estos hábitos no será notable. Al cabo de semanas, meses o incluso años, se harán visibles.

Realizar actividad física y recreativa

El ejercicio despierta y motiva tu cuerpo. También nos hace sentir bien, mejora tu salud, mitiga el envejecimiento, y eleva la autoestima.

Durante el ejercicio, se eleva nuestro ritmo cardíaco y presión arterial. Esto favorece la circulación al cerebro, favoreciendo funciones cognitivas como la memoria, atención, habilidades complejas y más.

Practicar la meditación

La meditación aclara la mente.

Muchas veces, la tristeza o la depresión puede que nos encadenan a pensamientos autodestructivos. La meditación rompe las cadenas, nos permite evaluar situaciones o comportamientos sin las emociones asociadas.

El yoga, técnicas de respiración, desconectarse del mundo o incluso durante el ejercicio, se puede alcanzar la meditación. No requiere de largas horas en una posición estática. Requiere un estado de mente capaz de ser autoevaluativo.

Consultar un especialista si es necesario

Si la tristeza continúa o se agudiza, la depresión puede que sea una fuerte posibilidad. En cuyo caso, recomendamos se dirija inmediatamente con un profesional de la salud mental.

Estos le ayudarán a localizar la raíz de su tristeza o depresión y tomarán las medidas previsoras para evitar el empeoramiento de su estado emocional.

Las terapias cognitivas emocionales son estrategias terapéuticas altamente efectivas que combaten la depresión.

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